Gabriela Rodríguez 

Esta página tiene por finalidad difundir el trabajo que realiza Gabriela Rodríguez en Chile y en el mundo con la Psicomagia, el Tarot y la Metagenealogía.

Contaré brevemente  una historia extensa que tiene más de 30 años de dedicación a este trabajo que amo y  que copa un interés que  he tenido siempre por el arte y por lo social:

Estudié Diseño Teatral en la Universidad de Chile en los difíciles 70’s.  Me casé muy joven, tuve a mi hija Natalia y me separé cuando ella tenía dos años. Por ese tiempo comencé a leer apasionadamente a Jung.  Sus libros serían  el impacto que me lanzó a las puertas secretas del mundo simbólico que había estado latiendo fuertemente en mi alma desde que tengo uso de razón.  Me volví a casar,  nació Paloma y luego Hugo que tiene la edad de mi profesión, ya que cuando él venía al mundo comencé a estudiar el Tarot,  lo que significó una tremenda apertura de conciencia para mi vida que estaba en crisis por esos tiempos.  El Tarot  me llevó a estudiar febrilmente muchos otros lenguajes simbólicos como la  Astrología, el Análisis de los Sueños, la Mitología, las religiones y más.  Así se abrió el mundo mágico, simbólico y mítico que me permitiría  desarrollar mi esencial interés por la sanación. 

Comenzó una viaje de búsqueda imparable y encontré a sanadores y curanderos que fueron maravillosos maestros: Adriana Manríquez  en Chile, Alejandro Jahuanchi  gran chamán de la selva peruana, Carlitos Said y Lorenzo en México.  Me fui a investigar  la Santería en Cuba y en Venezuela donde también aprendí de notables curanderos. Cada uno de ellos ha contribuido en mi crecimiento espiritual y mi formación como Psicomaga.   La culminación de este camino fue en 1990 cuando  conocí a quién considero mi padre espiritual, mi gran maestro y amigo Alejandro Jodorowsky: 

Durante 25 años  trabajé y colaboré en sus talleres y en los increíbles Cabaret Místicos que realizamos en Santiago de Chile.  Su terapia Psicogenealogía y Psicomagia fue la coagulación definitiva  de un largo viaje.  La llave maestra que me permitió aplicar la sanación.  Desde ahí me defino Psicomaga - curandera urbana.

Mi trabajo con el Tarot, la Psicogenealogía y la Psicomagia se sigue desarrollando en los talleres grupales y consultas personales que realizo en Chile, Argentina, Perú, México, Italia y España.  Junto con esto realizo un proyecto de terapia colectiva que he llamado PsicoTeatroMágico, donde, en compañía de actores y colaboradores  teatralizamos actos psicomágicos y abrimos un espacio de sanación social.

 

¿Qué es Psicomagia?

Psicomagia es una creación de Alejandro Jodorowsky como terapia artística. ¿Por qué artística?  Por contraposición podría decir que no es científica,  proviene de un artista y mago que con un genio visionario y su vastísima experiencia teatral  traslada ciertos recursos del teatro para realizar metáforas sanadoras.    Se dio cuenta, que la familia nos posee, que actuamos roles en la familia, que hay historias  anteriores que se repiten en el presente y como nosotros los seres civilizados  por lo general desconocemos el pasado, desconocemos nuestra historia de familia, entonces esa historia nos toma y actuamos la vida como posesos. Eso nos enferma, no nos permite ser quienes en esencia somos. Nos mete en trampas psicológicas.

Para trabajar con la psicomagia hay que leer en primer lugar el Árbol Psicogenealógico, que es un mapa que comprende Hermanos, Padres, Abuelos y Bisabuelos básicamente. Con este mapa nos damos cuenta de lo que sucede en la psiquis familiar y desde esa información habrá que crear actos de sanación que utilizan símbolos y metáforas vivas para hablarle al inconsciente  de manera de sanar repeticiones tóxicas y traumas producidos por  aquellas trampas del árbol.  Como hoy sabemos de la existencia de las neuronas espejo, sabemos ya que el cerebro acepta metáfora como realidad, por tanto los actos psicomágicos pueden producir transformaciones profundamente sanadoras.

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Mis Maestros

ADRIANA DE MALLOCO

“Antes de hablar, siempre consulta a tu corazón”  esta frase de la curandera, vidente y gran sanadora chilena está impresa en mi alma.  Adriana de Malloco, ‘la Adrianita’ como le decíamos quienes tuvimos la suerte de estar cerca de ella,  fue una madre espiritual extraordinaria que me enseñó a sanar el cuerpo y el alma utilizando la energía del universo a través de las manos o aplicándola de manera específica para distintas enfermedades, arte que ella conocía con precisión y aplicaba con inmenso amor a miles de personas que la consultaron y vivieron sus sanaciones milagrosas.  Era un ser extraordinario, de gran sencillez, que conocía muy bien las leyes de la naturaleza cósmica y tenía una aguda percepción para detectar la raíz de los problemas humanos.  Una de las personas más despiertas e inteligentes que tuve el privilegio de encontrar en mi camino espiritual.  Soy eterna agradecida de haber sido su aprendiz, de haber estado cerca de ella, y de haber sido iniciada en su inmenso conocimiento natural.

ALEJANDRO JAHUANCHI

Conocí a Alejandro Jahuanchi en Santiago.  La sintonía con él fue natural, su sonrisa, su voz y su acento tenían el encanto de lo auténtico y sus ojos la antigüedad del granito primordial. Descendiente de un antiguo linaje de curanderos de la etnia wachipairi, vivía en un poblado  de la selva peruana llamado  Pilcopata.  Allí daba clases en una escuela y servía a su comunidad como chamán (aunque él no usaba esa palabra.) Unos meses más tarde de haberlo conocido  me estaba embarcando rumbo a Cuzco para cruzar después en un camión grande y destartalado las altísimas montañas  de esa zona de Los Andes, que son el paso hacia la selva. Fue el primero de varios viajes que hice para verlo y trabajar con él.   Ahí en la reserva de biosfera del Manú estaba su casa y había creado el  centro de trabajo Wanamey, donde recibía a las personas más diversas  del mundo que venían a sanar en sus ceremonias con plantas medicinales y especialmente la planta madre.  De una  gran pureza y muy riguroso en su trabajo espiritual, el aprendizaje con él fue un largo entrenamiento para desarrollar los sentidos y conectar con los mundos sutiles en plena selva.  Así me fue trasmitiendo lo que él llamaba  ‘la concentración’,  con el objetivo de sanar en trance.  En ese par de años que compartí con Alejandro, yendo y viniendo entre Santiago y Pilcopata, viví la magia natural.  Alejandro murió el año 1998 en Cusco, de regreso de un viaje a Chile.  Sabio entre sabios,  dejó una impronta imborrable  en mi alma que honro con admiración y amor.

ALEJANDRO JODOROWSKY

En 1990  supe que Alejandro Jodorowsky venía a Chile a lanzar su primer libro, El Loro de Siete Lenguas. En esos años Alejandro  no era mundialmente conocido como lo es  ahora.  Las referencias que yo tenía hasta ese momento, eran las que escuché en mi  paso por la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile en los años ’70, que hablaban del gran artista que siendo muy joven dejó  una huella notable en el teatro chileno.   Cuando supe que en los largos años que estuvo fuera del país, se había convertido en el gran maestro del tarot, tuve la certeza que debía conocer al Mago y lo soñé como mi maestro! 

Hoy digo que el Tarot y todos los Hados se alinearon con mi deseo profundo, porque a partir de ese momento se concatenaron un sinnúmero de sincronías mágicas que me permitieron realizar el sueño.  “Cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro” dice el budismo.  Y  me maravillo  agradeciendo infinitamente este encuentro esencial  que le dio sentido y una tremenda luz a mis búsquedas. Había encontrado a mi padre espiritual.  Alejandro ha sido una escuela de vida y de permanente toma de consciencia para mí.   Su creación artística-terapéutica, la Psicomagia, me definió y ha sido la llave maestra que me ha permitido evolucionar aplicando la sanación.  Su genio, su lucidez, su humor, su generosidad, su bondad y su intensa humanidad que expresa al artista y mago que es, han sido para mí la expresión más sublime de la consciencia.

Si lo expreso brevemente, digo que es el ser más cierto que me ha tocado conocer.

Durante 25 años realizamos talleres de Tarot y Psicomagia y luego los increíbles Cabaret Místicos en Santiago de Chile, a lo cuáles asistían cerca de seis mil personas.

LA INFLUENCIA DE CARL JUNG

Por ahí por la mitad de los 70’s, llegó a mis manos el libro de Jung “El Hombre y sus símbolos”  Ese fue el impacto que me lanzó a las puertas secretas del mundo simbólico que había estado latiendo fuertemente en mis venas desde que tengo uso de razón.  Comencé a leer apasionadamente a Jung y mi conexión con el mundo espiritual se activó, fue la felicidad para mi alma, sentí que ese mundo raro que me habitaba tenía sentido, era un descubrimiento magnífico que anclaba mis intuiciones y sueños.  

Desde ahí comencé a trabajar con mis sueños, los anotaba cada vez que despertaba  e  iba siguiendo sus huellas, que fueron las huellas que me ayudaron a despertar y relacionarme con el inconsciente.    Años más tarde tendría un par de encuentros con la sabia Lola Hoffman que trabajó con Jung y seguí profundizando en los talleres de interpretación de sueños que daba mi amigo Pedro Engel.   Fue una época riquísima de conexión profunda conmigo misma.  Mantengo esa práctica y conservo como tesoro esos cuadernos.

 
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